Dió mantenimiento á los que le temen Para siempre se acordará de su pacto. Salmo 111.5
Leitura diária na versão Rayana Valera - Espanhol


Géneses 42
Géneses 43
Mateo 13.1-23

Géneses 42


1
Y VIENDO Jacob que en Egipto había alimentos, dijo á sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando?
2
Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no nos muramos.
3
Y descendieron los diez hermanos de José á comprar trigo á Egipto.
4
Mas Jacob no envió á Benjamín hermano de José con sus hermanos porque dijo: No sea acaso que le acontezca algún desastre.
5
Y vinieron los hijos de Israel á comprar entre los que venían: porque había hambre en la tierra de Canaán.
6
Y José era el señor de la tierra, que vendía á todo el pueblo de la tierra: y llegaron los hermanos de José, é inclináronse á él rostro por tierra.
7
Y José como vió á sus hermanos, conociólos mas hizo que no los conocía, y hablóles ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán á comprar alimentos.
8
José, pues, conoció á sus hermanos pero ellos no le conocieron.
9
Entonces se acordó José de los sueños que había tenido de ellos, y díjoles: Espías sois por ver lo descubierto del país habéis venido.
10
Y ellos le respondieron: No, señor mío: mas tus siervos han venido á comprar alimentos.
11
Todos nosotros somos hijos de un varón: somos hombres de verdad: tus siervos nunca fueron espías.
12
Y él les dijo: No á ver lo descubierto del país habéis venido.
13
Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece.
14
Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías:
15
En esto seréis probados: Vive Faraón que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor aquí viniere.
16
Enviad uno de vosotros, y traiga á vuestro hermano y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad con vosotros: y si no, vive Faraón, que sois espías.
17
Y juntólos en la cárcel por tres días.
18
Y al tercer día díjoles José: Haced esto, y vivid: Yo temo á Dios:
19
Si sois hombres de verdad, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos y vosotros id, llevad el alimento para el hambre de vuestra casa:
20
Pero habéis de traerme á vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.
21
Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le oímos: por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.
22
Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el mozo y no escuchásteis? He aquí también su sangre es requerida.
23
Y ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos.
24
Y apartóse él de ellos, y lloró: después volvió á ellos, y les habló, y tomó de entre ellos á Simeón, y aprisionóle á vista de ellos.
25
Y mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino: é hízose así con ellos.
26
Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y fuéronse de allí.
27
Y abriendo uno de ellos su saco para dar de comer á su asno en el mesón, vió su dinero que estaba en la boca de su costal.
28
Y dijo á sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y aun helo aquí en mi saco. Sobresaltóseles entonces el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?
29
Y venidos á Jacob su padre en tierra de Canaán, contáronle todo lo que les había acaecido, diciendo:
30
Aquel varón, señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como á espías de la tierra:
31
Y nosotros le dijimos: Somos hombres de verdad, nunca fuimos espías:
32
Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.
33
Y aquel varón, señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres de verdad dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad,
34
Y traedme á vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres de verdad: así os daré á vuestro hermano, y negociaréis en la tierra.
35
Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero: y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor.
36
Entonces su padre Jacob les dijo: Habéisme privado de mis hijos José no parece, ni Simeón tampoco, y á Benjamín le llevaréis: contra mí son todas estas cosas.
37
Y Rubén habló á su padre, diciendo: Harás morir á mis dos hijos, si no te lo volviere entrégalo en mi mano, que yo lo volveré á ti.
38
Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros que su hermano es muerto, y él solo ha quedado: y si le aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor á la sepultura.

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Géneses 43


1
Y EL hambre era grande en la tierra.
2
Y aconteció que como acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, díjoles su padre: Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento.
3
Y respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros.
4
Si enviares á nuestro hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento:
5
Pero si no le enviares, no descenderemos: porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros.
6
Y dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais más hermano?
7
Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por nosotros, y por nuestra parentela, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿tenéis otro hermano? y declarámosle conforme á estas palabras. ¿Podíamos nosotros saber que había de decir: Haced venir á vuestro hermano?
8
Entonces Judá dijo á Israel su padre: Envía al mozo conmigo, y nos levantaremos é iremos, á fin que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños.
9
Yo lo fío á mí me pedirás cuenta de él: si yo no te lo volviere y lo pusiere delante de ti, seré para ti el culpante todos los días:
10
Que si no nos hubiéramos detenido, cierto ahora hubiéramos ya vuelto dos veces.
11
Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacedlo tomad de lo mejor de la tierra en vuestros vasos, y llevad á aquel varón un presente, un poco de bálsamo, y un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras.
12
Y tomad en vuestras manos doblado dinero, y llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales quizá fué yerro.
13
Tomad también á vuestro hermano, y levantaos, y volved á aquel varón.
14
Y el Dios Omnipotente os dé misericordias delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y á este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo.
15
Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doblado dinero, y á Benjamín y se levantaron, y descendieron á Egipto, y presentáronse delante de José.
16
Y vió José á Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su casa: Mete en casa á esos hombres, y degüella víctima, y aderéza la porque estos hombres comerán conmigo al medio día.
17
E hizo el hombre como José dijo y metió aquel hombre á los hombres en casa de José.
18
Y aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron metidos en casa de José, y decían: Por el dinero que fué vuelto en nuestros costales la primera vez nos han metido aquí, para revolver contra nosotros, y dar sobre nosotros, y tomarnos por siervos á nosotros, y á nuestros asnos.
19
Y llegáronse al mayordomo de la casa de José, y le hablaron á la entrada de la casa.
20
Y dijeron: Ay, señor mío, nosotros en realidad de verdad descendimos al principio á comprar alimentos:
21
Y aconteció que como vinimos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso y hémoslo vuelto en nuestras manos.
22
Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos: nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales.
23
Y él respondió: Paz á vosotros, no temáis vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dió el tesoro en vuestros costales: vuestro dinero vino á mí. Y sacó á Simeón á ellos.
24
Y metió aquel varón á aquellos hombres en casa de José: y dióles agua, y lavaron sus pies: y dió de comer á sus asnos.
25
Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José al medio día, porque habían oído que allí habían de comer pan.
26
Y vino José á casa, y ellos le trajeron el presente que tenían en su mano dentro de casa, é inclináronse á él hasta tierra.
27
Entonces les preguntó él cómo estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, lo pasa bien? ¿vive todavía?
28
Y ellos respondieron: Bien va á tu siervo nuestro padre aun vive. Y se inclinaron, é hicieron reverencia.
29
Y alzando él sus ojos vió á Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío.
30
Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas á causa de su hermano, y procuró donde llorar: y entróse en su cámara, y lloró allí.
31
Y lavó su rostro, y salió fuera, y reprimióse, y dijo: Poned pan.
32
Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y aparte para los Egipcios que con él comían: porque los Egipcios no pueden comer pan con los Hebreos, lo cual es abominación á los Egipcios.
33
Y sentáronse delante de él, el mayor conforme á su mayoría, y el menor conforme á su menoría y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro.
34
Y él tomó viandas de delante de sí para ellos mas la porción de Benjamín era cinco veces como cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y alegráronse con él.

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Mateo 13

1-23
1
Y AQUEL día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto á la mar.
2
Y se allegaron á él muchas gentes y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba á la ribera.
3
Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió á sembrar.
4
Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino y vinieron las aves, y la comieron.
5
Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra:
6
Mas en saliendo el sol, se quemó y secóse, porque no tenía raíz.
7
Y parte cayó en espinas y las espinas crecieron, y la ahogaron.
8
Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál a ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta.
9
Quien tiene oídos para oir, oiga.
10
Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
11
Y él respondiendo, les dijo: Por que á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos mas á ellos no es concedido.
12
Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13
Por eso les hablo por parábolas porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
14
De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis Y viendo veréis, y no miraréis.
15
Porque el corazón de este pueblo está engrosado, Y de los oídos oyen pesadamente, Y de sus ojos guiñan: Para que no vean de los ojos, Y oigan de los oídos, Y del corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.
16
Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven y vuestros oídos, porque oyen.
17
Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oir lo que oís, y no lo oyeron.
18
Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra:
19
Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino.
20
Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.
21
Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende.
22
Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.
23
Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.

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